viernes, 13 de octubre de 2017

Las agujas, enemigas del pueblo


El Che no tiene mejor ocurrencia que presentarse con un libro del escritor soviético Konstantin Simonov sobre la encarnizada batalla de Stalingrado en la actividad organizada por el Instituto de Turismo —con el aprobación de Fidel— para atraer la simpatía de los millonarios americanos. 15 de mayo de 1960. Falta un minuto y medio para las 8. La suave luz de la mañana frente a las costas de La Habana y la brisa que bate sobre el mar permiten una agradable lectura de la novela, y además para disfrutar de la brisa cuando le arremolina las greñas. Tiene que aprovechar porque en unas tres horas el bravo sol del mediodía comienza su castigo. El libro —Días y noches— había sido uno de los títulos solicitados por Raúl Castro y él, cuatro años antes, en México, al agente residente del KGB Alexei Leonov, pero que entonces no alcanzó a leer porque el grupo cayó en manos de la policía mexicana, los libros incautados y Leonov declarado persona non grata. Hoy tampoco va a gozar de mejor suerte. Fidel se encuentra a bordo y es el que lo invitó. Resulta que participan en un concurso de la pesca de agujas que se llama “Ernest Hemingway” y que el mismo Ernest Hemingway se encuentra en el muelle, esperándolos para la fotografía. Así que al argentino le quedan quizá unos instantes de paz porque el jefe de la Revolución aún no se le ha parado por detrás para ver qué cojones es lo que está leyendo. Puede ocurrir en cualquier momento de esta mañana.

domingo, 8 de octubre de 2017

Nadie escribe su final

Resultaba extraño escuchar a uno de los más encumbrados generales cubanos referirse al Che Guevara de forma despectiva y hasta brutal. Era sabido que su campaña de Bolivia había resultado un fracaso y que, menos tres cubanos y un par de bolivianos, el empeño le había costado la vida a todo su destacamento. En Cuba, para designar un responsable, se hizo necesario disolver el Grupo de Operaciones Especiales (GOE) e integrar sus mejores hombres a Seguridad Personal y luego reorientar todas las escuelas de adiestramiento de guerrillas —hasta entonces bajo responsabilidad del GOE— y comenzar a estudiar la campaña de Bolivia como un patrón de casi todo lo que no debía hacerse en un movimiento guerrillero. Pese a todo, y como una tozuda reacción de orgullo, había entre los cubanos la convicción de que era un icono del movimiento revolucionario mundial y que su utilidad era inestimable de ese modo. De ahí que el Che se mantuviera en una especie de canonización sin cuestionamientos entre la cúpula militar y que este fuese el carril tendido para los teóricos y propagandistas de la Revolución. De modo que cuando Arnaldo Ochoa le espetó con toda violencia y desprecio a la misma hija del Che, sobre la mesa de comedor de la Casa Uno de Luanda, que su padre era un perdedor, yo comprendí por primera vez que había una posibilidad más allá de la libertad, y que ésta era el desacato. Arnaldo, con grados de general de División, era el jefe de la Misión Militar de Cuba en Angola. Aleida Guevara (Aliusha) acababa de graduarse de médico y cumplía misión internacionalista en un hospital de Luanda. Los otros presentes éramos el general de Brigada Patricio de la Guardia, dos o tres de nuestras respectivas mujeres, y yo. Fue en los primeros días de diciembre de 1987, la guerra de Angola se estaba acabando y hacía 20 años que habían matado al Che. La Casa Uno había sido en la época colonialista la residencia del cónsul americano (sin ese nombre, por supuesto) y los cubanos la remodelaron para eventuales visitas de Fidel y como residencia del jefe de su Misión Militar. El almuerzo era un mono. El mono Hugo, que estuvo encerrado como siete años en una jaula del portal amurallado de Casa Uno y que Ochoa, apenas nombrado jefe de la Misión, decidió servírselo en fricasé. Advierto que fue una nimiedad lo que motivó la explosión de Arnaldo. Aliusha aparentemente quiso darle una tónica de acto cívico a la ocasión, aunque siempre lo tomé, más bien, como una zalamería de ella ante el héroe revolucionario. Dijo algo sobre la permanencia del Che en las batallas revolucionarias cuando Arnaldo le espetó un: “Ah, chica, cállate, que tu padre era un perdedor.” Él silencio fue instantáneo en aquella sobremesa y lo que recuerdo es la sonrisa de Ochoa, y la blancura de sus dientes, y el brillo de sus ojos detrás de sus pequeñas gafas. Mantenía la sonrisa, desafiante, ante Aliusha. Aliusha quiso responder con la misma virulencia y, corriendo ruidosamente su silla hacia atrás, le dijo: “¡Que mi padre no te oyera!”, la voz ya a punto de rajársele en un sollozo. “Tu padre no tenía nada que enseñarme, Aliusha, no me jodas tú —y repitió, con saña—: Tu padre era un perdedor”. Había, en efecto, una idea romántica y era por la que nos dejábamos llevar, e incluso resultaba aceptable la forma en que el argentino había perdido. El consenso político cubano determinaba que existía un heroísmo indudable en el empaque de aquella derrota. Todos sabíamos que se había rendido, pero cuando tú te acomodas a una idea, luego ni las más sólidas evidencias logran hacerle mella fácilmente. Fue entonces que se despejó algo, y entendí por qué la actitud de Arnaldo era, al menos para mí, tan sobrecogedora, y es que Arnaldo, en su desfachatez sin contención, sacó a flote lo que estaba dormido. Ahora aclaro que ni Patricio ni yo ni ninguna de las respectivas mujeres salimos en su defensa —de ninguno de los dos— pero no hacía falta porque a esa niña de bata blanca, a la que se le saltaban las lágrimas, era evidente que Arnaldo le gustaba. Amén de que Arnaldo no hacía ningún esfuerzo por retirar la sonrisa de su rostro.

MÁS VALGO VIVO QUE MUERTO

El 31 de Agosto de 1967 a la caída de la tarde el grupo liderado por Joaquín (comandante Vitalio Acuña), segunda columna de la guerrilla boliviana de Ernesto Guevara, se adentró en el rió Masicurí, justo al norte de su confluencia con el Río Grande. Joaquín desconocía que habían sido traicionados por el campesino Honorato Rojas. El capitán Vargas Salinas, del ejército boliviano, había apostado a sus hombres en una emboscada. Allí, al costo de solo un soldado muerto, la columna de Joaquín fue aniquilada. Los muertos de la guerrilla, entre otros: Tania, única mujer de la columna, el comandante Gustavo Machín, Moisés Guevara y al propio Joaquín. Los cadáveres fueron llevados y expuestos en Vallegrande. Los únicos sobrevivientes fueron Paco y Freddy Maymura. Este último fue ultimado por los soldados al poco rato. Un tercer sobreviviente el medico José Cabrera fue capturado y ultimado días después. Resultado final; el único sobreviviente fue Paco (José Castillo Chávez).

Félix Ismael Rodríguez, agente de la CIA, quien en ese tiempo trabajaba con la inteligencia militar boliviana, percibió la importancia potencial de Paco. Con la oposición del teniente coronel Selich, que quería ejecutarlo le fue concedida la custodia del prisionero. En las semanas siguientes interrogó a Paco y consiguió que le detallara la estructura de la columna del Che. Estaba compuesta de una vanguardia, un centro y una retaguardia. Más importante aún, consiguió los nombres de los guerrilleros que componían cada uno de los tres sectores de la columna.

Desde finales del verano Vallegrande se había convertido en la base principal de la contrainsurgencia. En Septiembre 1, luego de que Vargas Salinas logró hacer contacto con la columna de Joaquín y aniquilarla, hubo euforia y hasta se creyó que Guevara había muerto al confundirlo con Moisés Guevara.

Mientras tanto, el Che había dirigido su columna al norte del Río Grande, zona con menos vegetación y, por tanto, desprotegida, y se dislocó en La Higuera, donde ordenó que la columna fuera hacia la próxima aldea, llamada Jagüey. Al llegar a las primeras alturas del terreno, la vanguardia fue sorprendida por una emboscada, donde el ejército mata a Roberto Peredo “Coco”, Mario Gutiérrez “Julio” y el cubano Manuel Hernández “Miguel”. Al enterarse Félix Rodríguez de quiénes eran los muertos se percató de que era la vanguardia de la columna del Che. Había ubicado a su hombre.

Paco corroboró la identidad de Miguel. Con la información obtenida, se concentraron en la zona las compañías de rangers, incluida la del capitán Gary Prado. En pocas horas cercaban a los guerrilleros en Quebrada del Yuro. Era el 8 de Octubre y a la 1.10 de la tarde comenzó un combate.

El Che, al darse cuenta de la gravedad de la situación, trató de salir del área de operaciones. Fue sorprendido por miembros de la compañía del capitán Prado. Herido, se entrego, diciendo “No tiren. Yo soy el Che Guevara y más valgo vivo que muerto.”

Enigmática frase del argentino.

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El texto, reproducido el mismo día en la página digital de Radio y Televisión Martí, tuvo 35 292 visitas antes de las 12 de la noche. La siguiente nota al calce fue agregada por la redacción: Publicado originalmente en Libreta de Apuntes, el blog de Norberto Fuentes. Reproducido con autorización del autor. Notas descartadas del libro en prepreparación UNA LLAMA CONGELADA - EL CHE GUEVARA Y LA ESCUELA LITERARIA DE LA REVOLUCIÓN CUBANA.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Hora cero en el gueto


Sábado 3.23 PM. Anuncian el toque de queda. Palabras mayores. No solo las anunciadas ráfagas de un huracán. El carácter represivo de las autoridades surge en la cola del meteoro. Prohibido quejarse. Nosotros mismos los elegimos. Eximo a Irma. Yo no vote por ella. El ultimátum elude explicar si la policía va a disparar primero y preguntar después.

3.54 PM. Un joven de aspecto militar, fornido, pero militar cubano, es decir campechano, diríase que hasta simpático, ofrece sus declaraciones a la televisión local. Se llama Carlos Hernández y es el alcalde de Hialeah. Es el único alcalde que responde a una entrevista desde un céntrico expendio de cafecito cubano y pasteles de guayaba. Los coches en la avenida a su espalda no dejan de circular, no en la cantidad de un dia laboral pero sí de un domingo de paseo con la familia. Gente en la calle, con o sin capas. Carros pasando, arriba y abajo. Y pachanga detrás del alcalde. Buscan salir en cámara. Desde el estudio le mandan a preguntar al alcalde si va a implementar el toque de queda en su ciudad, la de mayor concentración de cubanos fuera de la isla. Por supuesto que no. El alcalde Hernández no está loco y aspira a la reelección.

4.00 PM El toque de queda ya está en vigor en Broward. Se advierte que en otros sectores de la cuidad se establecerá a partir de las 7.00 PM

4.06 PM. Palacio de los Jugos del South West. Una combinacion de mercado hispano con fonda cubana. Un chivatazo alerta a una reportera del canal 51. A falta de otro drama para captar en vivo, se presenta allí a bordo de su camión de control remoto. Las antenas parabólicas apuntan hacia los satélites desde un mostrador lleno de plátanos fritos. La llamó un empleado con la queja de que los estaban obligando a trabajar, sin considerar que ellos también debían retirarse a sus casas a esperar los embates del huracán. Ella pregunta en cámara al manager sobre la queja y él dice que no se preocupen, que pronto van a cerrar, y en menos de cinco minutos, con las cámaras aun trasmitiendo, el público le llena el Palacio de los Jugos. Una mujer, meticulosa, escoge de una cesta un par de robustos aguacates, mira a la cámara y sonríe. Un mulato inmenso, con camiseta de los Marlins, muestra el contenedor plástico, atiborrado de potaje de frijoles negros con arroz y carne de cerdo, que acaba de adquirir y dice: “Comida caliente”. El manager retoma el micrófono y, con la misma convicción que lo hubiese hecho Fidel Castro, declara: “El problema es que aquí estamos para servir al pueblo”.

4.21 PM. El tiempo —¡al fin!— se deteriora con rapidez. El techo de nubes grises comienza a bajar y el mar se inquieta desde el horizonte. La calma chicha emprende su retirada.

5.14 PM. Vientos huracanados de más de 70 kilómetros por hora ya señorean en la costa al norte de Miami. Una ciudad en vertiginoso desarrollo agrega la espeluznante visión de las gigantescas grúas de edificación de rascacielos que se bambolean.

11.00 PM. Hay como una decepción, un desencanto, cuando se anuncia que, a su paso por Cuba, el huracán Irma se ha debilitado de forma substancial y que se ha degradado de un sistema de categoría 5 a categoría 3.

11.10 PM. Otra información indica que la errática Irma se dirige hacia la costa oeste y directamente a un poblado llamado Naples y luego a Tampa, de modo que libera de las mayores inclemencias de su castigo a Miami, en la costa este, al otro lado de la península de la Florida. Las largas colas, casi estacionarias en las atestadas supercarreteras, de los que huían de Miami, tienen que virar en redondo.

Domingo 00.50 AM. Evidente que las condiciones han mejorado para Miami pero la media no cesa en su carga de terror. Ahora son los avisos de tornado y de las lluvias torrenciales y de las inundaciones y de las bandas exteriores. ¿Qué diablos serán esas bandas exteriores?

11.25 AM. Se desploma la primera grúa de rascacielos de la lujosa avenida de Brickell. Previsible que pronto caigan otras como fichas de dominó. Me he quedado sin patio. Bueno, mi mujer, Niurka. (Los hombres duros, además de no bailar, desprecian los patios.) Jerry Lee no sale de abajo de la cama. Ya no saca ni el hocico. Los escombros, los gajos quebrados de los árboles, las pencas de las palmas, en vuelo libre, se adueñan de la calle. Volátiles como confeti, pero recuerden que los tales confetis al antojo del viento son ladrillos, bloques de cemento, trozos de cabilla. Los partes meteorológicos advierten vientos huracanados en Miami de hasta 75 millas. Serán ocasionales. Pero lo que se promete, al menos, es acción.

Publicado en La Repubblica, Roma, el lunes 11 de septiembre de 2017.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Palmeras salvajes


Viernes 7.17 PM. Los dos amigos gringos llaman desde el norte, donde aún se creen a salvo: William Kennedy, el novelista, y Joe Gagen, el cineasta, los dos desde Albany, ambos con la misma preocupación: cómo anda mi reserva de licores. Es lo único que importa ahora, dicen. Garantizar el Departamento Etílico. Me imagino que el origen es su experiencia de las tormentas de nieve. De las blandas tormentas de nieve.

11.15 PM. Irma comienza a solazarse sobre Cuba. Eso es un indicio de que se alejará de Miami. Va buscando la costa oeste de la península, hacia el Golfo de México. Nosotros estamos en la del este, sobre el Atlántico. Estos meteoros, como todas las criaturas de esa magnitud, tienden al abuso: prefieren las islas y rehúyen la tierra firme. No obstante, Irma se mantiene a distancia de las zonas montañosas. Te fajas con una cordillera cubana y te disuelves. Se contiene en la línea de la costa, sobre un archipiélago de islotes, cuyos únicos exploradores solían ser unos curtidos pescadores de tortuga y Hemingway durante sus patrullajes de la Segunda Guerra Mundial. Mosquitos y mangles, tal su único objeto de destrucción.

Sábado 9.00 AM. Decido echar un vistazo hasta donde pueda llegar en mi coche. La circulación es permisible hasta las 3 de la tarde. No solo licores, también tengo una aceptable reserva de combustible, el tanque hasta el tope. Pero no es precisamente un BRDM —beredem, como le llamábamos a los blindados anfibios que el Ejército Rojo nos suministraba. Un recuerdo inevitable: la cumbre de los No Alineados celebrada en La Habana en septiembre de 1979. Un ciclón con desconcertantes inundaciones costeras se presentó en la capital cubana. El Mariscal Joseph Broz Tito, junto con los otros centenares de dignatarios, debieron ser evacuados de sus residencias oficiales a bordo de las beredem. Yo presencié el espectáculo. El mariscal cargado en vilo por una tripulación criolla para introducirlo en la cabina del blindado.

9.15 AM - 1.34 PM. Termino el recorrido. Una tormenta eléctrica me recibe a la puerta de mi casa. La otra electricidad, la que fluye desde la planta atómica de Turkey Point hasta mi barrio, mantiene su vitalidad. Esto es lo que he visto fuera de las murallas. El mismo escenario de En la playa, la película de anticipación científica de Stanley Kramer. Producida en 1956, vislumbró todas las grandes capitales del mundo después de una guerra que ha hecho desaparecer a la humanidad. Lo terrorífico era que no había destrucción. Las ciudades intactas, pero sin presencia humana. Y una pancarta que parece en la última escena: TODAVÍA ESTAMOS A TIEMPO. Un libro reciente, El mundo sin nosotros, de Alan Weisman, ofrece la misma visión, ahora desde una base científica. Y eso fue lo que vi hoy en el downtown y en Miami Beach hasta donde creí prudente llegar. Ni un alma en las calles que comienzan a ser barridas por la lluvia en caída prácticamente horizontal.

2.01 PM. Aún tengo electricidad. Recuento. La parsimonia de un patrullero de recorrido anunciaba su presencia con el destello de sus balizas lumínicas en el malecón de Miami Beach. ¿El único sobreviviente en la playa, en un mundo sin nosotros? ¿Un policía? Y la imagen recurrente de mis huracanes en Cuba. Las palmas reales sacudidas por las ráfagas de viento, sus penachos proyectándose en dirección contraria al empuje del viento. Pero ellas aguantando, y doblegadas solo hasta cierto punto. En realidad, se agazapan. Apenas el huracán se descuida, ellas se vuelven a erguir. Son las nietas o tataranietas de las primeras palmas reales cubanas llegadas al parque de Hialeah. Juntos con unas crías de flamencos rosados enviadas como regalo por el dictador Gerardo Machado en 1934. Hoy las palmas son un negocio floreciente de algunos avispados comerciantes cubanos que trajeron las semillas y venden sus retoños. Los cubanos exiliados gustan de esas enormes plantas en sus jardines. Poco dados a los rosales. La vida aguanta en esas palmas. Todavía estamos a tiempo.

Publicado en La Repubblica, Roma, el domingo 10 de septiembre de 2017.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Cubanos esperando a Irma

Viernes 1.00 AM. La gloria es escasa para el corresponsal de guerra cuando debe compartirla con todos sus vecinos. Aparte de que estás obligado a reportar desde la poltrona frente a tu televisor. Nada de jugártela desde una trinchera a la distancia del fuego de mortero enemigo. Nadie cala bayonetas aquí. Solo el rechinar de los dientes (espero que no sean los míos) mientras esperas el desembarco (así mismo le llaman los gringos, landfall) de todas las fuerzas combinadas de la naturaleza decididas a reventarte las paredes de tu hasta ahora dulce hogar y dejar el techo a su libre albedrío, es decir, sin ningún elemento de sustentación, para que te aplaste la cabeza, y de paso la poltrona, el televisor, la mujer y el perro.

1. 35 AM. Reflexión en la baja madrugada. El perro. Jerry Lee. Ese es el más asustado de todos. Su percepción es genética, tiene que venir desde el fondo de los tiempos. Desde sus antecesores, los que cazaban conejos en lo que luego se llamó España. No necesita los noticieros para saber lo que se avecina. Ya lo olfateó. No en balde los únicos que perecen en los tsunamis son seres humanos. Jerry Lee no sale de abajo de la cama. Dejo caer la mano por el borde y le palpo el hociquito. Tímido y breve lamido en mis dedos.

7. 09 AM. Es difícil asimilar esa presencia de atildados funerarios que asumen los meteorólogos en la pantalla. Su frialdad profesional. Y el mensaje del que son portadores. Peor aún. Quizá te percates de la gravedad de las voces, a la usanza de los cirujanos (el paso anterior al empresario de pompas fúnebres) cuando salen del quirófano para decirte que se hizo todo lo posible para salvarte al pariente. Y que ahora el pariente es fiambre. Creo recordar que tales fueron mis pensamientos antes de rendirme sobre mi almohadón. Que nunca aciertan. “A lo mejor se va al este, a lo mejor se va al oeste, a lo mejor al sur, a lo mejor baja…” Y siempre unas complicadas monsergas sobre las altas y las bajas presiones.

7.15 AM. Abro los ojos en la más cerrera oscuridad. Y me doy cuenta de la gravedad de la situación. La oscuridad. El cielo se ha cerrado. El dulce cielo azul de ayer ya no existe. Una espesa capa de nubes negras se cierne sobre el estado de la Florida. Esto que se llamó hasta ayer el Sunshine State. Maldita Irma. Eres más poderosa que el sol.

7.16 AM. Me doy cuenta del ridículo que estoy haciendo y me juro que este secreto no salga nunca a la luz pública. El problema es que ayer puse los shutters (protectores) en las ventanas y estoy instalado en un búnker. Estoy blindado.

7. 45 AM. Por lo pronto tengo armado mi bunker. Casa blindada. Pero lo fundamental, la reserva de ron, está garantizada. La imbatible escuela de Hemingway. La de Papa y también la del otro Papacito: Stalin. “Estrategia es reservas”, decía. No me queda claro si mi estrategia es sobrevivir a un huracán de categoría 5 con la fuerza de impacto de sus vientos de más de 200 kilómetros por hora. Pero el ron garantiza la diversión.

10.00 AM. Llamo a mi mujer, Niurka. Le pregunto por Jerry Lee, si sigue sembrado bajo la cama, y que, por favor, me sirva un escopetazo de ron. Respuesta previsible de la señora: ¿tan temprano?

10.05 AM. El ron no llega. Continúo en mi poltrona, cada vez más estrecha, incómoda, aburrida, y estoy frente a mi pantalla. El espectáculo que se ofrece ahora es todas las supercarreteras del estado atestadas de coches, un lento río de coches, de los que buscan el norte. ¿A dónde van estas criaturas, si Irma irá pisándole los talones? Dice Irma que después de la Florida, va Georgia, el estado contiguo, y después South Carolina y Tennessee. Canadá puede ser una opción de refugio, calculo. Lo interesante, sin embargo, es la poca cantidad de cubanos que se mueve en esa procesión flotante que intenta escapar. Muchos gringos que vacacionaban en el Estado de la Luz Solar y muchos hermanos latinoamericanos. Los cubanos se quedan, los otros huyen. No hay advertencias de tsunami para los cubanos. No ponen pies en polvorosa. Son estoicos. Oh raza bendita. La gloria regresa.

Publicado en La Repubblica, Roma, el sábado 9 de septiembre de 2017.

Miami, ciudad abierta


Miércoles 11.45 PM (hora MIA). Jornada agotadora. Consumes la gasolina del coche buscando gasolina para llenarlo. Las colas de coches le dan la vuelta a las manzanas. Los anaqueles de los mercados están vacíos de agua potable y conservas. El titular del periódico local declara: Cuba se prepara para el Irma con los mercados vacíos.

Jueves 6.30 AM. El amanecer no puede ser más tenebroso. Ni una brizna de aire. Los gajos del árbol frente a mi ventana parecen petrificados. ¿Cómo es posible esta congelación en el verano más ardiente de nuestra historia? Pero ni una sola hoja corre barrida por el viento sobre el asfalto. ¿Viento? ¿De qué viento estoy hablando?

7.00 AM. Parece que esto es en serio. Un cielo suave, azul, lo dice un veterano, es un mal presagio. Me lo enseñó Baracoa, nombre de guerra de un piloto del bimotor An-26 en Angola: “Nunca te confíes del buen tiempo. Es la madre de todos los accidentes.” Pero este cielo de mi observación es un presagio.

8.05 AM. Ni viento, ni lluvia, ni pájaros. Miro hacia los cables de alta tensión al otro lado de mi barrio amurallado, y doy por sentado que dentro de pocas horas se habrán reventado. Un barrio de genta calmosa. De pocos cubanos. Más bien una población de venezolanos y colombianos. Una clase media poco bulliciosa. Los bulliciosos son los políticos cubanos y los americanos que se han entrenado bajo nuestra sabiduría criolla. Es decir, no hay mejor evento para las fotos de las campañas electorales (e ir goloseando lo que se echarán en el bolsillo) que un buen desastre natural. No salen de la pantalla de la televisión.

9.09 AM. Los bombardeos. Eso es lo que viene a la mente ante la inminencia de un huracán de tantas ínfulas. Las ciudades a las que los aliados, durante la Segunda Guerra Mundial, les daban el beneficio de dejarles caer unos volantes o trasmitirles por radio que Nagasaki, en Japón, o Dresden, en Alemania (póngase por caso), iban a ser bombardeadas eventualmente, y añadían el nombre de otras ciudades (Hiroshima, Colonia). Aquí es lo mismo, pero sin volantes ni radio clandestina. En las gigantes pantallas de tus televisores, los meteorólogos de pulcros ternos oscuros te van informando la distancia del huracán que te va a matar el domingo a más tardar. Su soberbia elegancia sobre un fondo digitalizado de los efectos que ya causó el evento en unos parajes remotos de las Antillas. El próximo muerto, para que lo sepas., eres tú. Y olvídate de tus libros y de tu colección de compactos: todos flotaran, deshojados y mustios, o henchidos de agua como esponjas, en ese río frente a tu puerta que correrá sobre lo que hasta este momento es una calle reseca y de asfalto crispado por el sol.

2.32 PM. Ya se da por seguro que Irma viene al galope sobre nosotros. No quiero saber si dejará algo en pie, sobre todo en los cayos. Miami Beach tiene orden de evacuación. Las palabras del Gobernador del Estado no pueden ser más perentorias. Si usted no se pone a buen recaudo ahora, después que el ciclón entre en nuestras costas, no podremos hacer nada para salvarlo. Pero ninguna declaración firme (o que se haga realidad en el terreno) sobre los abastecimientos de agua, combustible y comida para la población. Si esta es la situación tres o cuatro días antes de la llegada de Irma, no quiero saber cómo será después de la destrucción. Pero, claro, la preocupación del periódico local no puede ser más enfática. En Cuba los mercados siguen vacíos.

Publicado en La Repubblica, Roma, el viernes 8 de septiembre de 2017.

jueves, 31 de agosto de 2017

Basta ya



Para todos aquellos que justifican su presencia en la Revolución Cubana, por favor, lean estas estrofas.

    MARIUCHA
    ¿Fuiste tú el que lo mandó allí?

    SERGUEI
    Sí, fui yo… Mariucha… Tuvo la opción. Muchos de ellos tuvieron la opción.

    MARIUCHA
    Era eso o la cárcel.

    SERGUEI
    Todos tenemos una alternativa, Mariucha. Podemos hablar, podemos callarnos. Podemos irnos, podemos quedarnos. Siempre tenemos una opción.

Mariucha emplea el argumento como último recurso de defensa moral de su amante de juventud, Dimitri, un oficial blanco ahora al servicio de la NKVD de Stalin. La idea es que a Dimitri lo forzaron a trabajar para la NKVD. Si no, lo mataban. El coronel Serguei Petrovich Kotov, un héroe de la guerra civil y marido actual de Mariucha, es el que responde, impasible, que Dimitri tuvo “la opción”. El diálogo se produce en un episodio entre las 1.27.46 hora, minutos y segundos y las 1.29.32 de Quemado por el sol, la película de Nikita Mijailkov de 1994. Está claro entonces. Siempre tienes una opción. Pero tú eres el que elige.